Blog de cine – El guerrero americano 2
Dudikoff y su colega Jackson se van a Gandía a arrimar la cebolleta, su escaso éxito junto con el garrafón y las hamburguesas del Cocoloco hace que se enfaden y se líen a hostias con unos ninjas que veraneaban por allí.
Si la primera parte de esta genial saga ya estaba, siendo generosísimos, cogida con pinzas aquí el asunto se sale de madre desde el pitido inicial. Dudikoff anda todo el filme con cara de despiste y pega casi sin ganas, su compañero Jackson se mueve más lentamente si cabe que en la primera, dando lugar a unas escenas que se adelantan al puto bullet time de la odiosa Matrix pero sin necesidad de efectos especiales ni hostias, con unos ninjas mal pagados que se mueven con la gracia y la agilidad de un Ronald Koeman bailando jotas.
Argumento inexistente y escenarios elegidos por el equipo de rodaje para pegarse una buena juerga y unos días en la playa.
Todos estos ingredientes combinan de manera sorprendente para dar una de las grandes obras maestras del subgénero “Ninjas en la playa”, si por casualidad la encuentran haciendo zapping, tiren la televisión por la ventana e inmólense al budista modo. Leer más »
Queridos lectores de
Queridos lectores de
La historia de nuestro querido país, y en concreto la Guerra Civil, ha sido objeto de numerosas películas. Algunas buenas (alguna habrá, digo), algunas regulares y las más mierda puta (aunque suelen aparecer señoritas enseñando carne, en ese aspecto nuestros cineastas son impecables), casi siempre con temática de denuncia o de drama lacrimógeno pero nunca con ánimo de investigación. En ese sentido, el “Oro de Moscú” es pionera, ofreciendo una suerte de historia-ficción para intentar dar respuesta a una pregunta que durante décadas ha atormentado a generaciones de españoles, ¿dónde está el oro que el ejército republicano dio a los rusos a cambio de armas y apoyo?
El arte, un concepto que ha sido prostituido y arrastrado por el fango, son innumerables los crímenes cinematográficos que se han cometido con su nombre como salvoconducto. Pero por suerte también han existido casos opuestos, cine supuestamente comercial que se convierte en una elevada expresión artística sin necesidad de ninguna coartada cultureta.


