Blog de cine – Crítica de El oro de Moscú
La historia de nuestro querido país, y en concreto la Guerra Civil, ha sido objeto de numerosas películas. Algunas buenas (alguna habrá, digo), algunas regulares y las más mierda puta (aunque suelen aparecer señoritas enseñando carne, en ese aspecto nuestros cineastas son impecables), casi siempre con temática de denuncia o de drama lacrimógeno pero nunca con ánimo de investigación. En ese sentido, el “Oro de Moscú” es pionera, ofreciendo una suerte de historia-ficción para intentar dar respuesta a una pregunta que durante décadas ha atormentado a generaciones de españoles, ¿dónde está el oro que el ejército republicano dio a los rusos a cambio de armas y apoyo?
Algo antes de que el niño estrella Corey Haim, más conocido como el chaval con cara de mongui de “Papá cadillac” (no confundir con Corey Feldman, secundario en los “Gremlins” y mega estrella en “Los Goonies”), saborease las mieles del triunfo y las multitudinarias orgías de sexo y drogas (así eran los ochenta, amigos), el pobre muchacho se vio obligado a exponer su ilimitado talento interpretativo en subproductos tales como “
Años 90, el rock se encontraba en horas bajas debido a la creciente popularidad de grupos como Nirvana, acabando así con gran parte de la cultura que había predominado en la década anterior. Todos aquellos jóvenes que no se identificaban con la llamada “generación X” y que pensaban que el 0,7% era la cantidad máxima de alcohol permitida en sangre, encontraron en la “new wave of disco” y en el mundo de la noche la mejor manera de expresar sus inquietudes y de revelarse ante la decadente sociedad occidental. Es en este marco donde se desarrolla la trama de la película.
El señor Botón es en realidad un curioso freak de la naturaleza. Nace envejecido y según transcurren los años su cuerpo va rejuvenenciendo. Aunque este plantemiento parece el inicio de una novela de Paul Auster, la película está basada en una historia de F. Scott Fitzgerald, quien no estaría muy contento de que su personaje se haya convertido en un pseudo Forrest Gump. El resultado es una película estéril, prefabricada, de metáfora barata y estética de anuncio de perfume.


