
Sinopsis: Ivan (Sam Louwyck), Koen (Norman Baert) y Jan (Gunter Lamoot) han decidido que lo suyo es la música así que formarán un grupo, tocarán pun-rock y triunfarán por todo lo alto en un festival de rock local. Koen, el cantante, añade a sus pintas de “skin head” la peculiaridad de vivir cabeza abajo y la peligrosidad de ser un violador compulsivo. Jan debe de ser el único bajista del mundo con un solo brazo; el otro le quedó paralizado tras una complicada experiencia onanista. Ivan se encarga de la guitarra, tiene una mujer drogadicta, una hija y una sordera total. Falta un batería. Por fin el puesto lo ocupa Dries (Dries Vanhegen), un escritor de fama capaz de darle lecciones al propio Maquiavelo. Que no sepa ni sostener las baquetas es lo de menos.
Crítica:
Si tuviese que hacer una descripción de Ex Drummer podría decirles a ustedes que se trata de una especie de Trainspotting (Danny Boyle, 1996) al estilo belga. Pero, y aunque la película de Koen Mortier alberga no pocos parecidos con la cinta del realizador británico, estaría cayendo en una simplificación excesiva. Basada en la novela homónima de Herman Brusselmans (no es tan conocido como Irving Welsh, me temo) la historia nos cuenta las peripecias de un grupo de auténticos desheredados sociales. “Basura blanca” que viven en auto-caravanas que se caen a pedazos, frecuentan toda clase de antros de vicio y perdición, le arrean la badana a sus legítimas (como el Hombre de Alabama, de Sotuth Park) y , en general, dan la impresión de haberse saltado una o dos clases de Educación para la Ciudadanía. El protagonista es un enfant terrible de la literatura, el cual, aburrido de saborear las mieles del éxito (y de montarse unos tríos de escándalo con su mujer y una abultada colección de estudiantes universitarias…) decide formar un grupo de música (“The Feminists”) acompañado de un atajo de disminuidos físicos y/o psíquicos y presentarse con una versión algo cutre de “Mongoloid” a un concurso de rock.

El peor defecto de Ex Drummer es su intención de resultar de manera continuada políticamente incorrecta. En lugar de evidenciar la mugre que se oculta bajo la muy civilizada sociedad europea, dispara a quemarropa contra las mujeres, los homosexuales, los negros… para despertar el rechazo inmediato de aquellos espectadores más pudibundos y monjiles. Dicho planteamiento resulta divertido los primeros veinte minutos de metraje, un poco redundante hacia la mitad de la película y definitivamente insoportable en su tramo final. A este engorroso defectillo, súmenle ustedes que la coherencia interna del relato se empieza a desmoronar, la sensación verosimilitud de una película no se define en función de aquello que pueda o no ser real (un concepto demasiado relativo, al tratarse de una obra de ficción) sino a raíz de la actitud lógica y consecuente de los personajes, casi antes de empezar. Esto es debido principalmente a que el director y guionista está más interesado en ofrecer una serie de primeros planos (y rodados a cámara lenta, por supuesto) de un cabezazo en el rostro ¡catacroc! que en pulir detalles nimios y sin importancia como las innumerables contradicciones, irrelevancias y desequilibrios que pueblan la unidad global o tópica. Dichas deficiencias sitúan a la cinta de Mortier a mucha distancia de títulos como Réquiem por un sueño (Darren Aronofsky, 2000) o This is England (Shane Meadows, 2006) quedándose en un vano ejercicio de provocación que yace lastrado por una ejecución técnica muy pobre.
Los mayoría de los actores provienen de la televisión belga (así que no se extrañen si no les suena ningún nombre) y cumplen con rigurosa profesionalidad, aunque, en determinadas escenas, puede observarse un cierta tendencia a la sobreactuación. Es el caso de Norman Baert, el cual, interpreta a un violador compulsivo que vive (literalmente) colgado del techo. Por último, mención aparte merece una nutrida y correctísima banda sonora compuesta por grupos como “ The Experimental Tropic Blues Band’s ”, “ Lightning Bolt ” o Arno (bueno, éste último no es grupo pero da igual). En definitiva, Ex Drummer es una película plagada de claros y sombras (a partir del minuto cuarenta y cinco, casi todo son tinieblas) que acaba haciéndose algo pesada por lo reiterativo de su fórmula.
Puntuación:
Puntos Bazofia: 
El rollito nihilista-punk se agota a los quince minutos de metraje. Después sólo quedan chistes de negros y maricas… Muy triste, sí.
Puntos Canalla: 
La película intentar vendernos el ya conocido fenómeno “caca- culo – pedo – pis” como si fuera el colmo de la trasgresión.
Puntos Palote (3): Sexo explícito con algún efectillo fotográfico para disimular adiposidades y granos en el culo.
Puntos Freak (1): Monstruos de carne y hueso que puedes cruzarte por la calle o en la cola del supermercado.
Puntos Ninja (5): Violencia completamente gratuita, ejecutada a traición y con muchos dientes rotos y sangre a borbotones.




Joder ke buena pinta señores
Muy buena crítica, me lanzo en plancha a buscar la peli, la veo y comento.
Buenas:
Descubro ahora tu blog, muy interesante, y te invito a echar un ojo a mi libro sobre cine de culto:
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Y al zine que coordino:
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Salud from Hell
Vicente Muñoz Álvarez
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